Entrada destacada
Mate
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Navego en un océano sideral,
el viento estelar me precede
como un heraldo leal
de murmullo impetuoso.
el viento estelar me precede
como un heraldo leal
de murmullo impetuoso.
Nativo de Ofiuco,
mi estela cónyuge
me arrojó a la deriva.
Con vehemencia, mi ser
fluyó hacia el ecuador,
en el debacle del orbe
que era nuestro enlace.
El fulgor etéreo
al son del estruendo
da paso a los nimbos
de zafiro y ceniza.
Mi aliento se fragmenta
hacia el mar de ónix,
con el ocaso de Eros en mi coraza,
retoño espectral en las exequias
de Han, el arcaico.
Los ancestros repudian
mi contextura mate,
la tez de espectro cerúleo
bajo el velo granate;
capas caldeadas por polvo térreo
ornamentan mi indumentaria.
Ellos ensalzan a sus herederos,
los cubren en alhajas y laureles
¡Rasalhague, el radiante!
¡Sabik, el magnífico!
Con la investidura colateral,
los ancianos vociferaron
¡Zeta Ophiuchi, el fugitivo!
Y el estigma se cernió
en el índigo de mis sienes
como un halo.
Yacen atávicos y serenos
al norte, el célebre Hércules
al este las balanzas de Astraea
y, en el oeste, Aquila vigila
el arco interestelar de mi pedestal.
Los vestigios de mi atadura,
un cadáver de hierro
embalado en un sudario,
se incinera hasta la médula
mientras reposa
colapsado en la inmensidad
de las aguas fúnebres;
en cierta época despertará
como un aniquilador,
hambriento de existencia.
Jesse Casanova
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Comentarios
Entradas populares de este blog
Calendula requiem
Calendula requiem Jesse Casanova Personajes: Ishtar Medvedeva Haru Agatha Schwarzenegger Leónidas Medvédev Júpiter Montenegro Irina Romanova Doctor. Escena I Habitación desordenada. Otoño. Amanecer. Ishtar duerme bajo un nido de sábanas. Leónidas llama a la puerta repetidamente. Al no obtener respuesta, golpea con mayor fuerza. La madera cruje e Ishtar finalmente abre los ojos. Sale del nido y abre la puerta. Leónidas: Ya era hora. Ishtar: No voy a salir y no tengo hambre. Leónidas: Tienes que ir a la escuela. Ishtar: No. Leónidas: Irina ha llamado, pregunta por ti. Silencio No olvides tomar tus pastillas, me voy a trabajar. El ama de llaves vendrá a las 9. Trabajaré hasta tarde, y por favor, come algo. Leónidas se marcha. Haru: ¿Se ha ido? Ishtar: Sí. Haru: Debería descansar, luce exhausto. ¿Para qué habrá llamado Irina? Ishtar: Lo de siempre, no importa ya. Haru: No te quites el vendaje, puedes reabrir la herida. Ishtar: Sólo es comezón. Haru: ...
Khalid
Llegas como la tempestad batiendo plumas de terracota, tus chillidos se estrellan en la puerta contigua. ¡Ese endemoniado pajarraco!, me quejo ante tu perseverancia que irrumpe la siesta del cenit efímero. Pero el oro que portas petrifica por su finura, callas ante mi presencia tras el ventanal enrejado. Nos analizamos, tú como un predador, lleno de curiosidad pueril que viene con la ventisca. Nos analizamos, te observo con la apatía del encierro imperativo por la supervivencia. La matriarca aporrea la madera, exigiendo mi salida del caparazón y sus gritos te exaltan, ¡Khalid, suficiente! gorjeas furibundo. La rutina discurre entre estas paredes legadas, comer observando titanes de agua evaporada con el eco de vecinos discutiendo por trastes sucios. Las horas son volátiles en el calor porteño, la brisa crepuscular revuelve tu plumaje. Permaneces en la cornisa velando mi prisión anaranjada, bajo tus garras, imagino la memoria errante de casi...
Il volo della guerra
Digamos que sos el heredero, por ocho años moras en la paz de Midas y entonces llueve el aliento del dragón. La piel humana se quiebra en escamas con el rugido de la manada materna en los cielos de aljófar teñidos en grana. Del tiempo de los dioses ancestrales, te heredaron la condena de cupido, el talón de Aquiles para la tribu Drago. Vagaste un lustro debatiendo la etiqueta y el noblesse oblige que dictaba la casa real paterna. Negaste tu raíz, negaste la sangre hirviendo en la venda adolescente sobre los ojos de miel fusionada en la pupila felina. Y ahí estaba él, con su red de tungsteno. Era el cazador que otro lustro te robó, enredándote en supuesto ágape y mil blasfemias más. Caes. Decidle a ese amor ingrato, que la lanza erró el peto mas el volcán te acogió. No hay remembranza precisa acerca de esos tiempos en niebla, sólo células...
Súper hermoso 🙌🏼
ResponderEliminarSoy un pato negro en la negrura del negro universo.
ResponderEliminar