Entrada destacada
Khalid
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Llegas como la tempestad
batiendo plumas de terracota,
tus chillidos se estrellan
en la puerta contigua.
¡Ese endemoniado pajarraco!,
me quejo ante tu perseverancia
que irrumpe la siesta
del cenit efímero.
Pero el oro que portas
petrifica por su finura,
callas ante mi presencia
tras el ventanal enrejado.
Nos analizamos,
tú como un predador,
lleno de curiosidad pueril
que viene con la ventisca.
Nos analizamos,
te observo con la apatía
del encierro imperativo
por la supervivencia.
La matriarca aporrea la madera,
exigiendo mi salida del caparazón
y sus gritos te exaltan,
¡Khalid, suficiente!
gorjeas furibundo.
La rutina discurre
entre estas paredes legadas,
comer observando titanes
de agua evaporada
con el eco de vecinos
discutiendo por trastes sucios.
Las horas son volátiles
en el calor porteño,
la brisa crepuscular
revuelve tu plumaje.
Permaneces en la cornisa
velando mi prisión anaranjada,
bajo tus garras, imagino
la memoria errante
de casi cien días.
Al siguiente soplo,
en que Ehécatl augura
las lágrimas de Tláloc,
me pregunto si te marcharás.
El segundo solsticio viene
con su lluvia inclemente
de ámbar y lamentos
por la luz que truena
y nos deja en sombras.
Khalid contempla
la incertidumbre del mundo
ardiendo
por un ser microscópico.
Mi águila chilla
antes de ascender al firmamento
llevándose la conexión
al tapiz del mundo.
Las campanas repiquetean,
mientras la muerte siembra
más víctimas en fosas,
que de común sólo tienen
a ese virus con corona.
batiendo plumas de terracota,
tus chillidos se estrellan
en la puerta contigua.
¡Ese endemoniado pajarraco!,
me quejo ante tu perseverancia
que irrumpe la siesta
del cenit efímero.
Pero el oro que portas
petrifica por su finura,
callas ante mi presencia
tras el ventanal enrejado.
Nos analizamos,
tú como un predador,
lleno de curiosidad pueril
que viene con la ventisca.
Nos analizamos,
te observo con la apatía
del encierro imperativo
por la supervivencia.
La matriarca aporrea la madera,
exigiendo mi salida del caparazón
y sus gritos te exaltan,
¡Khalid, suficiente!
gorjeas furibundo.
La rutina discurre
entre estas paredes legadas,
comer observando titanes
de agua evaporada
con el eco de vecinos
discutiendo por trastes sucios.
Las horas son volátiles
en el calor porteño,
la brisa crepuscular
revuelve tu plumaje.
Permaneces en la cornisa
velando mi prisión anaranjada,
bajo tus garras, imagino
la memoria errante
de casi cien días.
Al siguiente soplo,
en que Ehécatl augura
las lágrimas de Tláloc,
me pregunto si te marcharás.
El segundo solsticio viene
con su lluvia inclemente
de ámbar y lamentos
por la luz que truena
y nos deja en sombras.
Khalid contempla
la incertidumbre del mundo
ardiendo
por un ser microscópico.
Mi águila chilla
antes de ascender al firmamento
llevándose la conexión
al tapiz del mundo.
Las campanas repiquetean,
mientras la muerte siembra
más víctimas en fosas,
que de común sólo tienen
a ese virus con corona.
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones
Entradas populares de este blog
Calendula requiem
Calendula requiem Jesse Casanova Personajes: Ishtar Medvedeva Haru Agatha Schwarzenegger Leónidas Medvédev Júpiter Montenegro Irina Romanova Doctor. Escena I Habitación desordenada. Otoño. Amanecer. Ishtar duerme bajo un nido de sábanas. Leónidas llama a la puerta repetidamente. Al no obtener respuesta, golpea con mayor fuerza. La madera cruje e Ishtar finalmente abre los ojos. Sale del nido y abre la puerta. Leónidas: Ya era hora. Ishtar: No voy a salir y no tengo hambre. Leónidas: Tienes que ir a la escuela. Ishtar: No. Leónidas: Irina ha llamado, pregunta por ti. Silencio No olvides tomar tus pastillas, me voy a trabajar. El ama de llaves vendrá a las 9. Trabajaré hasta tarde, y por favor, come algo. Leónidas se marcha. Haru: ¿Se ha ido? Ishtar: Sí. Haru: Debería descansar, luce exhausto. ¿Para qué habrá llamado Irina? Ishtar: Lo de siempre, no importa ya. Haru: No te quites el vendaje, puedes reabrir la herida. Ishtar: Sólo es comezón. Haru: ...
黑蓮花 (Hēi liánhuā) / Loto negro
Nací en el perihelio del Hale-Bopp, corría la primera estación anual tres abriles antes del segundo milenio. Los Bealtaine se regocijaban en su nido costanero, una heredera superó el umbral. Sólo la matriarca desconocía la descendencia imprevista, de aquel vástago menor que se fugó por pavor a represalias de ella. Era un pequeño bulto, frágil como los pergaminos de papiro. Once años yendo al sanatorio por complicaciones de prematuros, una condena en los pulmones, una visión con tres distorsiones y ser candidato a la maldición de la progenitora en la sangre. Padre rehízo su camino lejos del litoral y de mí, renunció a la custodia, con otra mujer que nunca me embelesará. Madre marchó al leteo en mi primera década, tengo cinco hermanos de estos dos, mas ninguno es un entero. A lo largo de la traslación de Chronos, la líder vio florecer más nietos, pero siempre cargaré con el título de ser la primogénita en la nueva progenie. ¿Por qué demanda ta...

Comentarios
Publicar un comentario